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Dirt! El documental que nos enseña a cultivar

El documental Dirt! o en español, Tierra!, aborda el problema de la agricultura industrial y los monocultivos. ¿Sabías que la agricultura más practicada es la más perjudicial? Nosotros te lo contamos.

El documental Dirt! nos enseña, entre otras cosas, los perjuicios a los que estamos sometiendo a nuestra tierra. No podemos olvidar la importancia de dicha tierra, necesaria para cultivar y plantar todo aquello que consumimos. Sin ella, en definitiva, no podríamos sobrevivir.

El uso de monocultivos en lugares como el oeste estadounidense comenzaron rindiendo grandes beneficios, pero en realidad el monocultivo industrial destruye la estructura de la tierra. Posteriormente, tras las severas sequías que sufrió la zona, el fuerte viento levantó la capa superficial de la tierra, dejando la desertificación a su paso. Este increíble acontecimiento se conoció como Dust Bowl.

De esta manera, podemos comprobar el gran rendimiento que producen en un primer momento los monocultivos y el posterior deterioro y destrucción que conllevan después. De hecho, se ha demostrado que los monocultivos favorecen las plagas, debido a que una sola especie es más vulnerable. Es entonces cuando aparecen en escena los pesticidas y junto a ellos, los transgénicos. Los monocultivos son muchas veces modificados genéticamente para evitar plagas. No obstante, no resisten tanto como los cultivos sostenibles que respetan los ecosistemas.

Los pesticidas, unidos a los fertilizantes nitrogenados, degradan la vida del suelo, rompen su estructura y alejan el agua de él. En definitiva, repelen a los organismos que construyen la fertilidad de dicha tierra. Pero para reconstituir dicha fertilidad, se emplean fertilizantes nitrogenados.

Se estima que solo un 20% de éstos es absorbido por la planta, el resto va a parar a la tierra y a los acuíferos, a partir de estos, acaba en los ríos. Esto ha provocado que en zonas del oeste americano y de México, crezcan algas enormes que acaban matando a los peces. Además, dicho nitrógeno mezclado con oxígeno genera óxido nitroso que acaba llegando a la atmósfera e incrementando el cambio climático. El 25% de los gases de efecto invernadero provienen de la agricultura industrial.

Como estamos viendo, este tipo de agricultura industrial provoca como resultado la obtención de alimentos con falta de nutrientes (debido al agotamiento del suelo) y exceso de tóxicos (por los diferentes químicos empleados). Llegados a este punto, ¿qué alternativas existen?

Esta claro que la agricultura actual acabará destruyendo la tierra que necesitamos para subsistir. Para remediarlo, Pierre Rabhi, experto en evitar la muerte de la tierra por desertificación, fue por primera vez a Burkina Faso en 1981 para implantar su modelo de agroecología. Ésta combina conocimiento científico con sabiduría local, de ello se obtiene una agricultura orgánica y diversa. Pero no es el único modo de evitar la erosión del suelo y su muerte.

Las plantas perennes son un buen modo de proteger al suelo de dicha erosión, pues lo fijan y evitan su desgaste. Asimismo, el compost, un abono orgánico libre de fertilizantes y elaborado mediante desechos descompuestos a partir de materia orgánica, es una muy buena alternativa a los abonos habituales. Incluso la agricultura asociativa se constituye como un nuevo modo de preservar la tierra.

Este tipo de agricultura provee de productos a sus suscriptores o consumidores, que pagan una cuota anual que permite a los productores seguir cultivando de un modo respetuoso con el medio ambiente que no desgasta la tierra. Desde luego, otras opciones no faltan, pero los intereses económicos juegan a favor de una agricultura industrial que en un principio produce enormes beneficios.

No obstante, ¿merece la pena el precio a pagar? ¿Deseamos pan para hoy y hambre para mañana? En Cero Veneno, tenemos claro que la agricultura industrial nos da alimentos pobres en nutrientes y plagados de químicos que además destruyen el suelo. Por lo tanto,es casi imposible estar a favor de ella. Sé partidario como nosotros de ingerir Cero Veneno.


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Diferencias entre ecológico, biológico y orgánico

En general, la legislación española y europea presenta los términos biológico, ecológico y orgánico como sinónimos. No obstante, a pesar de que todos aluden a un tratamiento natural de los productos, cada uno de ellos presenta sus particularidades.

Los productos orgánicos se caracterizan por no emplear químicos artificiales o pesticidas. Gracias a ello, contribuyen a evitar alergias e intolerancias a dichos químicos por parte de los consumidores. En lo que se refiere a la agricultura, protegen a las aguas subterráneas y acuíferos e impiden su contaminación y al practicar la rotación de cultivos, ayudan a mantener y fomentar la fertilidad del suelo de manera natural.

Por otro lado, la compra de productos biológicos te garantiza que no estás consumiendo nada transgénico o modificado genéticamente, algo que ocurre de forma sistemática con cereales tales como el maíz. La agricultura que rechaza lo transgénico lleva a cabo una selección natural de las especies que ayuda a generar una mayor biodiversidad.

Por último, pero no menos importante, tenemos los productos ecológicos. Cuando conversamos sobre alimentación saludable, son los primeros de los cuales se suele hablar. Pero, ¿por qué se caracterizan? Fundamentalmente, estos productos responden a la necesidad de respetar el medioambiente.

Asimismo, suelen ir de la mano con el comercio justo, puesto que la agricultura ecológica apoya las formas de producción locales y vela por la protección de los recursos naturales. Se preocupa no solo de que la producción no trastoque el medioambiente de la zona, sino también del bienestar animal. Por ello, las marcas cosméticas que no experimentan en animales, suelen asociarse con este concepto.

De este modo, podemos ver que cada término expresa una realidad diferente. Por tanto, a la hora de comprar, debemos tener en cuenta que cada uno se refiere a algo especial y no porque el producto sea ecológico tiene por qué ser biológico u orgánico, aunque en España y en Europa se suelan emplear de forma indistinta estos vocablos.

Esto convierte ir a hacer la compra en una auténtica odisea. Solo podemos esperar a que los organismos europeos logren el consenso necesario para distinguir entre las diferentes facetas de las tres etiquetas: Ecológico, biológico y orgánico.


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Apps para vegetarianos y veganos

En un mundo en el cual el teléfono móvil es otra de nuestras extremidades, es necesario aprehender esta tecnología y usarla para facilitar nuestra vida. Esta es la selección que nosotros llevamos a cabo de las aplicaciones que todo vegetariano o vegano debería conocer.

Productos Vegetarianos: Esta aplicación se caracteriza por su escáner de productos. Es útil para realizar la compra y no saltarte tu dieta vegetariana o vegana. Es gratis, no obstante, solo funciona bien en el mercado europeo. ParaVegetarianos también posee una app de recetas. Ambas están disponibles para Android en Google Play.

app productos vegetarianos

App Productos Vegetarianos

I’m Hungry, Vegetariano: Existen numerosas apps de recetas vegetarianas. Sin embargo, esta de YaYaApps  nos llama la atención, ya que incorpora platos vegetarianos de diversos países tales como México, China, Japón, Francia o Estados Unidos. Comer variado y de forma cosmopolita es posible.
VeginOut: Es una aplicación de Happy Cow cuya misión es conseguir que todo vegano o vegetariano pueda salir a comer fuera, sin acabar siempre en el mismo sitio. También indica tiendas en las cuales existe comida de este  tipo para llevar. Disponible en iOS y Android.
Veggie Passport: Para todo aquel que viaje es imprescindible. Traduce palabras hasta en 33 idiomas diferentes relacionadas con el mundo vegetariano y vegano  Disponible para IPhone.
The Coupons app: Aplicación para Android con diferentes cupones, algunos de ellos se destinan a vegetarianos y veganos. Una manera fenomenal de ahorrar.
Be Nice to Bunnies: La aplicación se destina a evitar comprar productos que han sido testados en animales y cuyo origen no es vegetal. Ha sido desarrollada por Cruelty Free. Aunque va dirigida sobre todo a cosméticos, consideramos importante conocer la trazabilidad de cada producto y conocer si hay animales maltratados tras ellos. Solo está disponible para iOS.


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Comercio justo es sinónimo de cultivo ecológico

La definición de Comercio Justo consensuada internacionalmente que aporta la Organización Mundial del Comercio Justo (WFTO) define esta actividad como “un sistema comercial basado en el diálogo, la transparencia y el respeto, que busca una mayor equidad en el comercio internacional prestando especial atención a criterios sociales y medioambientales. Contribuye al desarrollo sostenible ofreciendo mejores condiciones comerciales y asegurando los derechos de productores/as y trabajadores/as desfavorecidos, especialmente en el Sur”.

De este modo hemos conocido siempre este tipo de actividad comercial, tan diferente a la imperante y que se rige tan solo por criterios económicos y cuyo único objetivo es la búsqueda del beneficio. El comercio justo es mucho más que eso. Busca el desarrollo de los pueblos, velando a su vez por el medio ambiente y por la calidad del producto obtenido.

La alimentación que defiende el comercio justo se basa en lo natural. Sus cultivos son ecológicos y no usan agroquímicos de ningún tipo, tales como pesticidas. Además, respetan las condiciones medioambientales del lugar para llevar a cabo la producción pues la fabricación es manual o semi-industrial. No se introducen formas nuevas, pues se respetan las técnicas de cultivo tradicional que prefieren los productores. Por tanto, los procesos que se llevan a cabo no dañan el medioambiente y conllevan la obtención de productos de alta calidad, cuyo tratamiento no incluye añadido grafico media uesintético como podrían ser los estabilizadores o colorantes.

En España, el comercio justo no es tan bien acogido como en otras zonas de Europa. A pesar de que dicho comercio en España ha aumentado un 10% en 2013 hasta situarse en 31,1 millones de euros, su consumo por habitante en nuestro país está 15 veces por debajo de la media europea. Según el último informe elaborado por la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, un consumidor medio de la UE gasta 9,7 euros al año en este tipo de artículos, mientras que en España la cifra se sitúa en los 0,7 euros.

Los productos más adquiridos por los españoles de comercio justo son los alimenticios, con un 90,3%. Seguidos por la artesanía, cuyo porcentaje llega al 7,8%. En lo que se refiere a la alimentación, destaca el café como producto preferido. Es el líder indiscutible, está detrás de casi la mitad de las ventas con un 47,8%. Tras éste, se encuentran los dulces como agregado (azúcar con un 24%, cacao, 5% y otros productos dulces como mermelada, miel, galletas o caramelos alcanzan el 4%) cuyo porcentaje conjunto suma un 33%.alimentacion 90

La mayoría de estos productos fue adquirida por HORECA, es decir, por hostelería, restauración y catering. Este canal de comercialización llegó al 40% de las ventas. El 30% de las compras se efectuó en supermercados. De este modo, podemos ver que las tiendas de comercio justo han perdido cuota de mercado, pues tan solo son responsables del 20% de las ventas (en 2013 facturaron 6,3 millones de euros, mientras que en 2009 las ganancias llegaron a los 10,2 millones). Desde 2010, se ha producido el descenso de las ventas en las tiendas de comercio justo. Esta tendencia implica también la caída de la actividad no comercial del movimiento debido a que dichas tiendas especializadas actúan no solo como puntos de venta, sino también como lugares de sensibilización, información y denuncia contra la explotación de trabajadores y la sostenibilidad medioambiental.horeca

Para saber si dicha conciencia se está perdiendo, desde Cero Veneno hemos querido preguntar a la comunidad universitaria de la Universidad Carlos III si consume productos de este tipo. En general, la mayoría de los entrevistados los conoce. No obstante, no los suelen consumir. La conciencia existe pero no se predica con el ejemplo. Debemos cambiar estos hábitos y apostar por productos de calidad, tratados de manera natural y ecológica, sin ningún tipo de pesticida y cuyos productores no son explotados y trabajan por un sueldo digno.


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La era de las despensas

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El ritmo de vida actual y la comercialización alimentaria ha hecho “necesario” el uso de aditivos para conservar los alimentos. Pero cuales son los motivos de la industria para justificar el uso de los mismos? El principal suele ser el de la correcta conservación. Sin embargo existen otros factores que no siempre tenemos en cuenta, como el abaratamiento de costes y el uso reducido de materias primas con la finalidad de ampliar los beneficios financieros. A caso no notan que a través de estos procesos de manipulación el valor nutricional baja hasta más de un 50%? O es que simplemente no les importa?

Incluso, el vigente uso de los aditivos no solo concierne a la industria alimenticia, va mucho más allá, del mismo modo son empleados en fármacos veterinarios, pesticidas, plaguicidas, piensos varios, etc. Existen aditivos de carácter natural, que no resultan nocivos para el ser humano, del mismo modo que existen otros del mismo tipo que pueden resultar tan altamente perjudiciales para la salud como los químicos.

Hablemos entonces de lo que son los aditivos y sus diferentes tipos:

Un aditivo alimentario es toda sustancia que, sin constituir por sí misma un alimento ni poseer valor nutritivo, se agrega intencionadamente a los alimentos y bebidas en cantidades mínimas con objetivo de modificar sus caracteres organolépticos o facilitar o mejorar su proceso de elaboración o conservación. En este proceso de mejora de la elaboración también se consigue una tutorización en la cual los elaboradores obtienen unas ganancias en peso de producto. Pueden ser como dije antes, de origen natural, sintético u obtenido químicamente de manera artificial.

Su clasificación depende de las funciones que cumplan, y se hallan descritas por ley en el Reglamento 1333/2008 del Parlamento Europeo y del Consejo del 16 de diciembre de 2008 sobre Aditivos, dicha ley sufrió modificaciones en el año 2011, y quedaron reflejadas en el Reglamento 1129/2011 y 1130/2011 sobre aditivos, que pueden ser consultadas online en la página oficial de la AECOSAN (Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición) y cuya dirección web es la siguiente. http://aesan.msssi.gob.es/AESAN/web/home.shtml

Según este reglamento los aditivos pueden ser clasificados en:

  1. Edulcorantes
  2. Colorantes
  3. Conservadores
  4. Antioxidantes
  5. Soportes
  6. Acidulantes
  7. Correctores de la Acidez
  8. Antiaglomerantes
  9. Antiespumantes
  10. Agentes de Carga
  11. Emulgentes
  12. Sales de Fundido
  13. Endurecedores
  14. Potenciadores de Sabor
  15. Espumantes
  16. Gelificantes
  17. Agentes de Recubrimiento
  18. Humectantes
  19. Almidones Modificados
  20. Gases de Envasado
  21. Gases Propelentes
  22. Gasificantes
  23. Secuestrantes
  24. Estabilizantes
  25. Espesantes
  26. Agentes de tratamiento de las harinas.

Como vemos es una larga lista de términos clasificatorios, en el próximo post definiré cada uno de ellos intentando ser lo más objetiva posible. Para finalizar, quiero matizar que el que estas sustancias estén regularizadas y sean aprobadas por la legislación no significa que no sean perjudiciales para nuestra salud, entre alguno de los problemas que pueden causar a largo plazo se encuentran la obesidad, el envejecimiento prematuro, la falta de rendimiento físico, altos niveles de toxinas, depresión etc… Allí os lo dejo.


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¿Sabes de qué están hechas las chuches?

El otro día pasé, como de costumbre, por la tiende de gominolas de mi pueblo. Después de llenar una bolsa considerable de ellas pregunté a mi tendera de toda la vida si sabía de qué estaban hechas. Ni idea -me dijo- pero están superbuenas. Y vosotros, ¿nunca os habíais preguntado cómo se fabrican?. Pues hoy os lo descubrimos en el siguiente post.

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¿Sabes de qué están hechas las chuches?

El otro día pasé, como de costumbre, por la tiende de gominolas de mi pueblo. Después de llenar una bolsa considerable de ellas pregunté a mi tendera de toda la vida si sabía de qué estaban hechas. Ni idea -me dijo- pero están superbuenas. Y vosotros, ¿nunca os habíais preguntado cómo se fabrican?. Pues hoy os lo descubrimos en el siguiente post.

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Los huevos frescos y sus diferencias

Nuestra salud es determinada en gran medida por nuestra alimentación. No obstante, no todos los alimentos son iguales. Aunque parezca mentira, incluso en los huevos que comemos habitualmente exiEtiquetadoHuevossten distinciones.

Desde el 26 de agosto de 2004, existe una normativa establecida por la Unión Europea, según la cual los huevos frescos deben ser etiquetados con un código impreso que figurará en su cáscara.

Dicho código está escrito en la parte central de la cáscara de huevo y se compone de 11 dígitos. El primero nos indica la forma de cría de las gallinas ponedoras, será el tema central de nuestro artículo. Los dos siguientes, el país de la Unión Europea del que proceden, en este caso, ES de España. Los dígitos restantes hacen referencia a la provincia, municipio y granja concreta del huevo en cuestión.

Sin embargo, el tema al que le otorgamos especial interés en el etiquetado, es el diferente régimen de explotación al que se ven sometidas las gallinas. En función de él, sus huevos tendrán una mayor o menor calidad. Existen un total de cuatro categorías. La que se podría clasificar como la peor es la número 3.

Las gallinas de esta categoría son criadas en jaulas, sin apenas espacio para moverse. Pasan día y noche poniendo huevos puesto que viven con luz artificial. Ello les crea la sensación de que es de día siempre y por tanto no paran de producir. Es el método más habitual en España.

Estos animales no suelen durar más de 18 meses debido al régimen de explotación al que están sometidos. No están al aire libre ni ven nunca luz natural. Además, su alimentación se compone de piensos formados por cereales transgénicos. Asimismo, son medicadas asiduamente con antibióticos. Por tanto, la calidad de sus huevos no es la más deseable.

La calidad 2 es la que sigue a la explotación en jaulas. Corresponde a las gallinas criadas en naves. Su régimen de explotación es similar al anterior: Luz artificial para aumentar la puesta de huevos y piensos transgénicos y antibióticos. A pesar de encontrarse también hacinadas y tener muy poco espacio, estas gallinas sí se pueden mover. No obstante, estas naves suelen estar tan pobradas que algunos de los animales se mueren por asfixia en verano.

La clase 1 hace referencia a las conocidas como gallinas camperas. Su vida transcurre de forma muy distinta a las de sus anteriores compañeras. Estas gallinas se encuentran al aire libre aunque poseen corrales. De esta manera, no solo no están sometidas a la luz artificial y ponen sus huevos de un modo natural, sino que además permiten el pleno movimiento del animal y que pueda comer hierba y otros tipos de plantas.

Sin embargo, este tipo de explotación no es tan adecuado como el de las gallinas ecológicas, puesto que en sus corrales siguen teniendo luz artificial para producir más huevos y se las sigue suministrando piensos a base de cereales trasgénicos y medicinas.

Las mejores gallinas, y por tanto los huevos más saludables, son los de las gallinas ecológicas. Se crían de manera similar a las gallinas camperas, no obstante no comen nada transgénico ni son medicadas sistemáticamente. Podremos distinguir los huevos de esta clase por el número 0 que figurará como el primer dígito de su código de etiquetado.

Toma clase 0, toma cero veneno. Porque el veneno no solo procede del producto en sí, también de lo que come quien lo produce. Las gallinas ecológicas son la apuesta más segura.

 


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¿SON NECESARIOS LOS ADITIVOS ALIMENTARIOS?

Como se dijo anteriormente en nuestro primer post, lejos de demonizar los aditivos alimentarios, buscaremos crear conciencia y dar una visión más objetiva del uso de estos químicos en nuestros alimentos.

Asumiendo que algunos de ellos son necesarios por parte de la industria, intentaremos esclarecer la gran confusión existente siguiendo un criterio de aplicación que justifique su uso en los alimentos que lo requieran. La industrialización y la globalización internacional no son nada ajenos al tema, de hecho en la actualidad el hombre ha pasado de ser un productor creativo a ser un consumidor destructivo, fue la ambición del hombre –y seguirá siendo- la que nos ha traído hasta aquí el día de hoy, a preguntarnos qué clase de venenos estamos consumiendo.

Un innumerable repertorio de letras E, seguidas de números componen la lista de venenos que podemos elegir para morir lentamente, en una sociedad que al parecer desconoce que los consumimos a diario, solo porque a alguien se le ocurrió que quería enriquecerse “haciéndonos la vida más fácil”.